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Miguel A. Yáñez Polo, nació en Sevilla en 1940. Perteneciente a la primera generación de la postguerra de 1936-1939, estudió bachillerato en los colegios de Villasís y Portaceli de los jesuitas. Criado en el seno de una familia media, su padre ejerció como abogado en la capital andaluza, cultivando muy en especial la música y la lectura de la literatura española clásica. Horas y horas pasadas en la biblioteca de su casa, harían al autor adquirir, desde muy joven, una pasión particular por autores como San Juan de la Cruz,  Miguel de Cervantes, Mateo Alemán y Quevedo. Con 15 años, llevó un programa de música clásica en la emisora local “Radio Vida”. A partir de sus 17 años se inscribió en el Conservatorio Superior de Música, realizando solfeo y varios cursos de piano, interrumpidos al entrar en la Universidad. En 1958 inicia sus estudios de Medicina en la Facultad hispalense. Siendo aún estudiante obtuvo por oposición el cargo de Alumno Interno de la Facultad. Y tras la realización de la carrera, se doctorará y ganará, por oposición, el título de Profesor Adjunto de Cátedra.

 

            También a sus 19 años, inicia sus contactos con el mundo de la imagen, realizando, posteriormente, el curso sobre “Comunicación en Fotografía” que impartiera en la Universidad Sevillana el prestigioso profesor René Laborderie y que tanto habría de influirle en su formación. En 1975 firmó el histórico Manifiesto de Cádiz  que reivindicaba un giro intelectual y universitario para la nueva Fotografía Creativa Española. Cofundador del Grupo Fotográfico de Libre Expresión f/8  en el mismo 1975, su labor no ha cesado desde entonces, estando presente con sus trabajos en los principales foros doctrinales sobre la Expresión Fotográfica, la Fotohistoria y su Metodología, etc. Cocreador de la Sociedad de Historia de la Fotografía Española, ha expuesto en las principales galerías y museos del mundo. Obras suyas se encuentran en las principales colecciones y fondos tales como el Museo Reina Sofía (Madrid), Fototeca Nacional (La Habana), Museo Georges Pompidou (París), Lincoln Center Art (Denver), Fondos de la Universidad de Tucson (Arizona), Museo de Arte Contemporáneo (Sevilla), etc. En 1977-1978 inaugura, como se ha reconocido en la bibliografía al respecto, los estudios de la Historia de la Fotografía Sevillana. Autor de numerosas imágenes y de la técnica del “clastotipo”, su obra ha sido uno de los puntales más penetrantes del Neosurrealismo Fotográfico Español. Junto a Tymo Hubber y Paul de Noojier, ha sido estimado como parte del triplete máximo de los actuales fotomontadores europeos. En síntesis, su currículum fotográfico considera sus quehaceres como fotógrafo creativo, como fotohistoriador y restaurador del medio. Recientemene ha sido nombrado Académico Numerario de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, de Sevilla, ocupando el primero sillón de Fotografía en la Sección de Artes Plásticas.

 

            Su relación con la literatura, se inicia en 1956, es decir contando 16 años. De aquel entonces se conserva uno de sus primeros relatos, titulado “El escondite” en donde se encuentran ya parte de los elementos que constituirán su narrativa futura. Siendo aún estudiante universitario, sería -junto al ensayista Pedro Montilla López- uno de los fundadores del TEU (Teatro Español Universitario) de la Facultad de Medicina, poniendo a punto varias obras de Jean Anouilh, Albert Camus y Luigi Pirandello. Tras unos años con gran dedicación al “teatro leído”, sería el escritor y crítico Ortiz de Lanzagorta una de las personas que más le animarían a tener presencia en el mundo literario de la narrativa. El contacto personal con Ernesto Sábato durante sus visitas a Sevilla, significaría una gran reflexión para él.

 

En 1973, aunque de forma muy individualista, se incorpora al fenómeno de la llamada  y discutida “Narrativa Andaluza”. En 1975 terminará, después de tres años, su primera novela Stabat Mater. La obra en sí, constituye parte de su tetralogía sobre la ciudad de Sevilla y, tal se ha escrito, fue concebida como un mágico fresco de la vida y de la muerte. Ha permanecido inédita un cuarto de siglo por circunstancias ajenas a la literatura, pese a haber sido la primera finalista de la primera edición del “Premio Andalucía de Novela, 1986”. En el 2002, tras muchas vicisitudes, ha sido publicada por la Editorial N. Monardes, con prólogo de Carlos Muñiz.

 

Quizás la mayor atención la haya reclamado su novela Kant, amigo mío. Formando parte también de la mencionada tetralogía, la obra obtuvo, en abril de 1983, el Primer Premio Blanco White de “Narrativa Andaluza”, publicándose en el Otoño de ese mismo año (Editorial Bea. Sevilla, 1983). Acogida muy bien entre gran parte de la crítica y en el juicio de otros muchos escritores avanzados, la edición se precedió de una magnífica presentación introductiva escrita por Antonio Zoido bajo el título “La incómoda vanguardia”, situando la obra en la andaluza línea avant-garde muy creativa y valiente que brotara, desde los años veinte, con autores ya clásicos -casi todos ellos bien denostados en su momento- como Rafael Cansinos, Rafael Porlán, Luis Mosquera y Carlos Edmundo de Ory, entre otros.

 

La tercera novela que se ha editado de M.A. Yáñez Polo, ha sido Jardín para viejos malsanos (Ed. Dado, Sevilla 1984). Se trata de un friso narrativo en donde los tres personajes básicos -Vetulussy, Pathero y Tymbus: la vejez, la enfermedad y la  muerte- destruyen profundamente al narrador en primera persona y que, en frase del escritor Hipólito González, se catapulta en los abismos “naufragando en la metafísica de la soledad”.

Con Canto del gallo, canto del tiempo, que obtuvo el Premio San Lucas de Literatura 1991 (y editada por N. Monardes ese mismo año) se completa la referencia de las cuatros novelas que del autor se han publicado hasta hoy. Está a punto de editarse Entre la barahúnda (tercera obra de su tetralogía sevillana) encontrándose ultimando Refugium peccatorum (cuarta de la tetrada). Igualmente se han editado diversos relatos suyos (Transverberación de un intelectual calvo, El Tenebrario, No hay albero al amanecer, El cuento de la Carlota...). En prensa está actualmente un ensayo en clave hispalense titulado De imago funeris.



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