“JARDÍN
PARA VIEJOS MALSANOS”. Novela. Edit. Dado. Sevilla, 1984
Novela corta escrita entre 1982 y 1983, fue publicada en
1984. Considerada como “obra
escrita sin tapujos y con honestidad”, en el sentir crítico puede
explicar no pocas claves del pensamiento del autor. El escritor
Hipólito González, en sus “Bodas químicas para una presentación
inane”, analiza esta obra, anotando: Miguel Ángel Yáñez Polo me ha robado noches
enteras con los folios de esa metafísica de la soledad, sus aquelarres
moleculares y esa desesperada hipocondría que te va arrancando tiras
de piel en cada línea, en cada palabra. Leer “Jardín para viejos
malsanos” ha sido encontrarme de pronto disminuido, incompleto,
sumamente hormiga, intentar escapar de una descarga de ametralladoras
que vomitan silencios diciéndome en los tímpanos lo superficial
e inútil de multitud de movimientos, los ojos vacíos de la muerte
y la macabra estupidez de respirar día tras día los mismos interrogantes
y las ningunas soluciones. Considera que la obra es el pulso
de un existencialismo desesperado que desemboca
en conclusiones desesperadas
y feroces, en el enfrentamiento con una realidad de apisonadoras
y tentáculos donde el protagonista (yo lo he visto) está completamente
aislado, naufragando en una ´metafísica de la soledad´ que lo arrastra
irremisiblemente a una pregunta final, detonación de una anatomía
reventada, de las vísceras insostenibles de lo inane de la existencia.
Por su parte, Rafael Pérez Estrada, que ilustró la portada
de la primera edición, en 1984, del “Jardín para viejos malsanos”
con uno de sus magníficos dibujos, mitad surrealistas, mitad metafísicos,
quiso titular a su imagen como “El degustador del fruto primigenio
para ancianos virtuosos”. Con ello, el genial escritor malagueño,
quiso poner de relieve la exquisita y refinada maldad que supone
el existir un probador de las aniquilaciones engendradas, ni más
ni menos, que por los tres abyectos personajes destructivos de la
novela como Vetolussy, Pathero y Tymbus, en realidad y en el simbolismo
escondido en “El Jardín…”, la vejez, la enfermedad y la muerte.
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